Cuando pensamos en la palabra emprendedor, a veces olvidamos que es un concepto que puede incluir tanto a personas con una gran experiencia como a otras que son noveles en la admirable tarea de impulsar empresas que requieren muchas horas de estudio hasta que un proyecto factible, y susceptible de ser financiado, cobra vida. Guy de Maillé (Lisboa, 1968 – ) es un empresario de espíritu alejandrino que impulsa la creación de proyectos que promueven un esfuerzo común -por el bien de todos- combinando estabilidad, prosperidad económica para los agricultores y un desarrollo sostenible enfocado en las generaciones venideras. ¿Cómo? Incorporando unas garantías de desmontaje y gestión concebidas en 2009 y resumidas en su personal concepto: Empreinte Photovoltaïque Zero.

Este francés instalado en Barcelona, habla con entusiasmo y claridad. Su amabilidad es comparable a su gran espíritu pragmático. Es muy consciente de que para que una iniciativa empresarial salga adelante en España, se debe contar con la bendición y el apoyo explícito de las administraciones públicas. Sobre todo, cuando se trata de trabajar en el ámbito local.

Las parcelas y terrenos rurales dedicados a la explotación de energía solar ocupan el único papel destacado dentro de su portfolio. Además, conoce el campo y el medio rural como pocos. De Maillé viene de una familia de viticultores cuya larga tradición se pierde en la noche de los tiempos. Durante nuestra conversación, deja muy claro que cree en iniciativas que sean plenamente colaborativas y equilibradas. Aquellas en las que todas las partes implicadas ganan y en las que el respeto al medio ambiente y la naturaleza está garantizado.

Su aspecto elegante y porte aristocrático conforman la imagen exterior de un conversador empático, asertivo y que va al grano. Sabe muy bien de qué va la vida y conoce en profundidad el mundo de los negocios. He aquí el resultado de mi conversación con uno de los empresarios más generosos con su tiempo, elocuentes y divertidos que he tenido la suerte de entrevistar.

Sr. de Maillé, ¿A qué proyectos dedica, hoy día, la mayor parte de su tiempo?

A potenciar la economía de los pequeños agricultores abandonados por las administraciones y sofocados por las industrias agrícolas. No son los agricultores quienes tienen que estar al servicio del desarrollo industrial energético, sino a la inversa. Estamos ante dos actividades primarias que son la energía y la agricultura. Cuando las juntamos, estamos trabajando a favor del interés general y eso, como su nombre indica, debe traer consecuencias positivas para el conjunto de la comunidad local.

¿Es la gente consciente de las enormes ventajas que ofrece la energía fotovoltaica?

Mire, la gente sabe de las ventajas de la energía fotovoltaica, pero no es consciente de que tenemos que proteger a las futuras generaciones asegurando un desmontaje que no dependa de ningún banco, ni tampoco de ningún cambio legislativo que podría afectar al coste del mismo.

¿Cuándo decidió dar el paso y centrarse en este tipo de proyectos?

El Alzheimer atacó a mi padre con enorme virulencia, lo que ocasionó que la finca familiar entrase en una situación de quiebra. La única solución era crear una actividad mixta y, en 2009, Francia vio la adopción de medidas gubernamentales que promovieron iniciativas de promoción fotovoltaica solar.

¿Cuáles son los principales obstáculos que usted encuentra a la hora de impulsar proyectos colaborativos?

Le voy a decepcionar (risas). A fecha de hoy, todas las administraciones a las que hemos mostrado nuestro modelo de crecimiento de producción agrícola, de integración paisajística total con garantías de gestión ligadas a una auditoría anual y garantías de desmontaje vinculadas mediante un poder notarial a favor de la administración no han mostrado el menor rechazo. Le hablo, básicamente, del ámbito local. Otra cosa es la tocante a la administración general del estado, la cual puede tener un mayor o menor interés en un desarrollo fotovoltaico estándar que sólo beneficia al propietario y al operador eléctrico.

En España, parece que lo primero es contar con el apoyo de las administraciones públicas. ¿Está usted de acuerdo?

El apoyo de las administraciones públicas es una necesidad. Personalmente, soy un ferviente admirador de la administración. Son el único ente que estará presente en el momento del desmontaje, dentro de 30 o 60 años. Dependiendo de la duración del contrato de derecho de superficie. Pienso que la administración tiene que estar presente durante toda la fase de gestión, así como durante la fase de desmantelamiento y reposición de las tierras utilizadas. Es nuestro único garante de un desarrollo sostenible que no signifique pan para hoy y hambre para mañana.

¿Cree que la gente ignora que se puede ganar dinero sin perjudicar a los seres vivos y a la naturaleza?

Se debería implementar una educación económica que contemple todo lo que afecta al balance de los agricultores. Para muchos de ellos, la subvención de la PAC (Política Agrícola Común) de la Unión Europea es la única manera de asegurarse la supervivencia. No debemos y no podemos apoyarnos en una subvención para asegurar la rentabilidad de una unidad productiva. Nos tenemos que adaptar a una nueva agricultura que, necesariamente, tiene que ser de proximidad y que no puede ser rentable si no está asociada a una actividad mixta como la energía solar. Nadie puede bajar las tarifas, pero todos podemos hacer que, a través de la participación ciudadana, los habitantes un municipio puedan ganar dinero: Hasta un 7% de rentabilidad sobre la inversión realizada.

Explíquenos cómo trabaja usted y cómo logra convencer a todos los actores implicados para que remen en la misma dirección.

Evidentemente, el propietario de las tierras está interesado en alquilar por un valor que alcanza los 3000€/hectárea al año. El joven agricultor está interesado en recibir una participación económica de 750 euros por megavatio al año. Sobre todo, la administración local queda convencida de los buenos fundamentos de mi concepto ya que reside en una garantía de gestión y de desmontaje, además de producir una agricultura de proximidad en la que la biodiversidad es un hecho comprobado y que, en la medida de lo posible, será vendida en un radio de 15 km para poder ser calificada como Agricultura Kilómetro 0.

La subvención procedente de los fondos de la PAC recibida por el joven agricultor será automáticamente transferida a la cooperativa agrícola más cercana de la planta agrovoltaica. Así se ayuda también a otros agricultores, ya que el joven agricultor en cuestión recibe la participación económica pagada por el industrial de turno.

Actualmente, estamos iniciando proyectos de autoconsumo remoto que permitirán, si la ley aumenta la distancia de conexión, alimentar pueblos y poblaciones que están en vías de ser abandonados. Estamos ante una energía que puede transportarse hasta 15 km y que puede ser calificada como limpia y no contaminante. Todos sabemos que las líneas aéreas de transporte eléctrico son contaminantes y eso no contribuye a un futuro verde.

El último paso consistirá en instalar baterías en dichos proyectos de autoconsumo remoto para hacerlos totalmente independientes. Nuestro objetivo es realizar los proyectos a medida. O sea, adaptándonos completamente a las necesidades concretas de una población.

Hay voces que dicen que el futuro será verde o no será. ¿Usted también lo ve así?

Hay mucha hipocresía en esta cuestión. Vemos cómo se habla de un futuro verde mientras se utilizan materiales extremadamente contaminantes. No me parece normal que un panel que ha viajado 6.500 km y ha sido fabricado en sitios de sostenibilidad dudosa, obtenga los mismos beneficios económicos que materiales fabricados con criterios de proximidad, en fábricas alimentadas por energía limpia y viajando en medios de transporte eléctricos.

Si queremos ser verdes, hay que hacerlas las cosas bien desde el principio hasta el final. Dando la espalda a un narcisismo económico que tiene por objetivo lograr rentabilidades de 2 cifras. No existe y no debe existir ninguna industria con una rentabilidad sobre fondos propios de 2 cifras. El día que un gobierno se dé cuenta de que se impone un cambio legislativo y de que debemos obligar al pago de una tasa CO2 que tenga en cuenta la totalidad de la cadena de producción y transporte, entonces y sólo entonces, podremos hablar de un futuro verde.

¿Qué ha aprendido de un colectivo tan sacrificado como los agricultores?

Los agricultores a los que nos dirigimos son propietarios de tierras que van de 7 a 60 hectáreas. Ellos son los que más sufren. Son los padres de los jóvenes que, por causas económicas, abandonan las tierras y se van a la ciudad. Resulta que esos mismos agricultores obtienen una pensión ridícula en comparación con lo que aportan a la población: Sin ellos no podemos comer. Por eso hay que cuidarles y protegerles. Eso se puede hacer creando una actividad mixta que les permita obtener una renta de las tierras alquiladas a €3000 por hectárea y año, una participación económica de 750€/megavatio/año para el joven agricultor que va a trabajar dichas tierras en las cuales va a producir una agricultura de proximidad y, por último, una participación económica de 750€/megavatio/año que deberán ser ingresadas en la caja de pensiones de los agricultores de manera que puedan gozar de una mejor vejez.

De este modo, dejaremos de calificar al colectivo agrícola de “sacrificado” y podremos, por fin, decir que hemos contribuido a mejorar la calidad de vida de los agricultores más ancianos y a permitir que los jóvenes agricultores puedan comprar material, hipotecando parte de la participación económica de €750 por megavatio y por año que recibirá del operador energético. ¡No podemos cerrar los ojos para no ver lo mal que lo pasan nuestros ancianos! Ayudándoles con esta participación económica de €750 por megavatio y por año, contribuimos todos juntos al bienestar de nuestros mayores.

¿Qué lecciones ha aprendido del mundo de la empresa?

La vida es una empresa que construimos a diario y de la cual aprendemos a cada instante. Tengo 55 años y lo único que le puedo decir es que no se puede considerar nada como adquirido ni tampoco como perdido, y que la especulación o el narcisismo económico son la base del fracaso a largo plazo.

Le pondré un ejemplo. Cuando los primeros artículos sobre energía fotovoltaica fueron publicados en junio de 2020, recibí muchas llamadas telefónicas de gente queriendo comprar fincas agrícolas para alquilarlas a 3000€ / hectárea con la intención de trabajar con nosotros.

Mi contestación fue clara y tajante. No queremos que ningún tipo de especulación esté presente en ningún momento de la cadena. En consecuencia, si la persona no era la propietaria legal de las tierras antes de 2015, no podía formar parte de nuestro plan de desarrollo.

Hábleme de los proyectos que le quedan aún por realizar

Mi filosofía empresarial no consiste en acometer la mayor cantidad de proyectos propios, sino en aportar mi pequeño grano de experiencia adquirida a lo largo de los últimos 14 años. Deseo publicarla para que todo el mundo pueda acceder a la información e incluso modificarla a su conveniencia, pero siempre privilegiando un esfuerzo común cuya meta es el bien de todos.

El dinero no es un fin, sino un medio. El sector agrario nos necesita y, a su vez, nosotros necesitamos el sector agrario. Me encantaría participar en un proyecto donde el consumo sea de proximidad y de temporada. Deseo tomar parte en una iniciativa en la que el balance de CO2 de los materiales sea tasado. Estos son, quizás, los dos proyectos de mi vida.

Por último, diríjase a los emprendedores en activo y a quienes aún dudan si dar el paso.

El calentamiento global es una realidad. Las tierras se calientan durante el verano y eso es incuestionable. La escasez de agua en los pantanos es un hecho, ¡también las muertes causadas por las altas temperaturas! La unión de todos los empresarios concienciados puede cambiar esta dinámica. ¡Cuidemos a la tierra y ella nos cuidará!